Cotidiano
Montevideo, Marzo de 1986
Año 1 ~ N» 5 NS 60
8 de Marzo
Día Internacional de la Mujer
de sus protagonistas. El 8 de mar¬
zo fue proclamado hace 70 años
Día Internacional de la Mujer a
partir de un hecho dramático: 129
obreras textiles de Nueva York
mueren quemadas en su lugar de
trabajo.
Estábamos todavía en los albo¬
res del capitalismo y en los co-f
mienzos de la incorporación masi¬
va de la mujer al mercado de tra¬
bajo. El drama de esta huelga de
mujeres textiles ofrendó al mundo,
con su sacrificio y su ejemplo, una
denuncia y un símbolo, y abrió
para la mujer un nuevo campo de
lucha, el de la igualdad en el tra
bajo. Del símbolo a la realidad de
encarnación en cada movimiento^
social, hay miles de pequeños sím¬
bolos cotidianos de lucha de muje¬
res en la defensa de sus derechos v
por la conquista de un espacio que
\le ha sido históricamente negado.
I Pero el 8 de marzo, como reafir- ^
mación de esta lucha es una res¬
ponsabilidad que debemos asumir
para que nuestra presencia e inci¬
dencia social tenga un sentido de
propuesta. Para que sea en prime¬
ra instancia, un autoreconocimien-
toy una voz que se alce rompiendof
I un silencio al que tanto las mujeres^
nos hemos acostumbrado. Por mu\
chas razones que nos hemos y ^/oíI
\tatorial significó para la mujer,
abrió este nuevo camino que he-
mos comenzado a transitar y que
de alguna forma se condensó ese 8
de marzo pasado. No hay duda que
el desafio se nos plantea de cara al
futuro, un futuro que no se hace
solo de conmemoraciones del Día
Internacional de la Mujer. Cree¬
mos que este marzo nos convoca a
un trabajo mas amplio, más pro¬
fundo. de mayor presencia e inci¬
dencia. Pero hay que empezar por
sentir y estar todas juntas haciendo
nuestra historia y reescribir la de
aquellas compañeras asesinadas,
la de nuestras fabriqueras ’ la de,
las sufragistas, la de las Luisi, |
María Collazo. Carmen Suela y de^
todas las que hicieron de la causal
de la mujer un sentido de vida.
que en este 8 de marzo se multipli-^
quen las asambleas en lugares dei
trabajo o de estudio, que se haga\
visible nuestra presencia, que po-*
damos desplegar en fértil abanico
todos los esfuerzos que a lo largo y ¡
ancho del país hacen de la causa\
de la mujer una realidad de orga-^
han inventado, tenemos aún temorJ¡^ nización. Esto es una responso-
en reconocernos como sector mar-^ bilidad nuestra. Las mujeres debe-
ginal, como parte de una condición^^mos vivir nuestro día. en la calle,
específica, como portadoras, enf. 'en el trabajo, en el barrio, y unir
tanto movimiento, de una pro-* nuestras fuerzas, multiplicándolas.
Colectivo Mujer
2
MqjER
muier
Meló - diciembre 1985 — El
día 19 de diciembre, a las 19:30
se inauguró “La Casa de la Mu¬
jer” en la calle Justino Muniz |
610. Felicitaciones al Movimien¬
to Paulina Luisi. esperando
inaugurar también la “Casa de
la Mujer*’ en Montevideo._
Como cada verano, este año
también, las páginas de nuestros
periódicos y de sus suplementos
están llenas de miyeres mostran¬
do la “cola”. Como si no hubiera
otra imagen para ilustrar el
tema sea el que sea, estas fotos
acompañan artículos tan varia¬
dos como el calor que hizo, el
tiempo que hará, la afluencia de
turistas, los precios en Punta del
Este, la oferta de un modelo de
coche, etc. En un artículo de
“Liberación”, suplemento juve¬
nil del diario “La Hora” del
18.12.85 sobre “Qué opinan los
jóvenes” aparece la foto infalta-
ble: en la primera página de “El
Día” del 15.1.86 siempre mos¬
trando la “cola”, una mujer:
también en “El Día” del 26.1.86
esta vez para anunciar el estreno
de nuevas rotativas, tres mujeres
mostrando la “cola” son comen¬
tadas con insinuaciones sexua¬
les; en “El País” se publicita un
coche, la foto muestra el auto
con fondo de mar, un conductor
que no se ve, y sobre el motor,
recostada boca abajo una mujer
en bikini; el texto decía: “el due¬
ño (del coche) como es hombre
que se respeta, prefirió perma¬
necer en un discretísimo segun¬
do plano”, de la mujer, se dice
“estaba posada sobre la impre¬
sionante estructura”.
Los ejemplos pueden seguir
hasta el cansancio. Qué conclu¬
siones podemos sacar frente a
este uso y abuso del cuerpo de la
mujer? Qué sociedad podemos
construir cuando el 54% de la
población sirve para hacer pu¬
blicidad mostrando la "cola "?
Qué pensamos de esta publici¬
dad que necesita el objeto-mujer
para ""vender" sus productos?
Qué pensamos de los consumi¬
dores que compran más cuando
el producto viene presentado en
envoltorio sexual? Por fin. qué
sentimos las mujeres cuando ve¬
mos nuestros cuerpos descuarti¬
zados para ofrecer “un trozo"
que sirve de anzuelo?
n
Carnavaleando. Disfrutamos,
y mucho, de esta larga tradición
de la cultura popular, que todos
los carnavales se renueva reco¬
rriendo los barrios montevidea¬
nos. Sin embargo querríamos
hacer algunas reflexiones sobre
esta “cultura”. Parecería que el
único motivo de risa que tene¬
mos los uruguayos, son las alu¬
siones groseras al sexo y a las,
mujeres. A veces con matices,
otras con grosería, algunas sim¬
plemente para “estar a tono”
nuestras murgas nos hacen sen¬
n mente
tir la tremenda represión sexual
que se esconde detrás de cada
alusión, y q(ié dosis de violencia
masculina (manisfestación del
mismo fenómeno) hay en la re¬
currente utilización de la mujer
como objeto sexual o como cari¬
catura fácilmente tipificable.
Opinamos porque nada de los
social nos es ajeno.
Sin comentarios
Gallito Luis — Diario “El País”, 2 de febrero 1986
---
¿ES USTED BONITA?
TIENE UD.
“ANGEL Y GARRA”
La Empresa; Industria Metalúrgica
El puesto: vendedora de productos metalúrgi¬
cos (no se asuste: la capacitación técnica espe¬
cífica. será dada integramente por la empresa).
La aspirante debe tener entre 23 y 33 años, ser
bonita y simpática, tener ese “Angel”, ese
dinamismo y ese instinto que hacen el éxito en
la venta. ¿Reúne Ud. estos requisitos? Enton¬
ces escríbanos ya. No se pierda la oportunidad
de este puesto excelente que tenemos paxa Ud.
Carta manuscrita y fotd a C. Corteo 340. C.C.
___ J
“Mi vida toda es una boca
Delmira Agustini nace el 24 de octubre de 1886 en
un hogar burgués de Montevideo. Tuvo una infan¬
cia precoz: a los 4 años lee y escribe con soltura, a
los 10 escribe poesía. Tuvo asimismo una infancia y
una juventud solitarias, sin amigos, sin juegos, sin
estudios fuera de su casa. A pesar de eso conoce en
profundidad la obra literaria de su época. Su rela¬
ción familiar gstuvo signada por la tutela inteligen¬
te, culta aunque posesiva de su madre. Luego de un
ECORDAREMOS hoy en
esta página a una poetisa
alabada por hombres y
mujeres, “a la espléndida mujer
de caudalosa cabellera de oro
veneciano... de grandes ojos co¬
lor de mar...” que fue una crea¬
dora: Delmira Agustini.
A su paso por Montevideo en
1912, Rubén Darío, desde su
indiscutida autoridad dice de
ella: “Es la primera vez que en
lengua castellana aparece un
alma femenina en el orgullo de
la verdad de su inocencia y de su
amor, a no ser Santa Teresa en
su exaltación divina”. Unamu-
no. Alfonsina Storni, Vaz Fe-
rreira, Alberto Zum Felde. la in¬
telectualidad de su época y la
crítica literaria posterior se
asombraron con la precocidad
de su genio, con uno de los casos
de intuición intelectual más ad¬
mirable que se conozca.
Encerrada en el reducto noc¬
turno de su cuarto, exiliándose
del aplastante ambiente fami¬
liar, “La Nena” sin embargo su¬
fría: “Nunca llevásteis dentro
una estrella dormida que os
abrasaba enteros y no daba un
fulgor?”, se pregunta atormen-
en flor...”
noviazgo de 5 años, se casa con Enrique Job Reyes
de quien se divorcia al mes y medio de casamiento.
Publica 3 libros de poesía: ‘"El Libro Blanco " en
1907, "Cantos de la Mañana ” en 1910y "“Los Cáli¬
ces Vacíos" en 1913. El 6 de julio de 1914 es
asesinada de dos tiros en la sien por su ex esposo,
quien a su vez se suicida. Su familia publica un
libro póstumo en 1924: "El Rosario de Eros ".
tada. Alfonsina Storni, dice, ha¬
blando de su obra, que las gran¬
des mujeres son aquellas que
acertaron a trasmitir con preci¬
sión su mundo subjetivo, ese
universo “inefable” que pocas
veces rompe con las vallas del
lenguaje, del “pudor” burgués,
de lo confesional. Delmira pudo
revelar su subconciente femeni¬
no sexualizando objetos y accio¬
nes con “majestuoso impudor”.
Profundamente femenina, de
"una femineidad feroz”, pudo
cantar libremente al amor tal
como lo sentía pero no lo podía
vivir: “Eros, acaso no sentiste
nunca piedad de las estatuas? ...
piedad para las pulcras cabelle¬
ras que nunca airea el abanico
negro... piedad para los sexos
sacrosantos que acoraza de una
hoja de viña astral la Casti¬
dad?...”.
Montevideo, el “Tontovideo”
del 900 era una cárcel moral
para las mujeres que, encorseta
das, ensombreradas, vigiladas
por los y las guardianas de la
“buena conducta” debían ceñir
su sensualidad al qué dirán de la
religión, del conservadurismo
burgués, a la imagen de la niña
angelical o a la de la madre-
atemporal.
Delmira acataba mansa el im¬
perio de las costumbres, de la
^ mediocridad que la rodeaba: no
se rebela abiertamente, adecúa
su imagen a la que proyectaba
para ella una sociedad pacata, y
una madre que la oprimía, (aun¬
que comprendía y apoyaba su
creación literaria). Cuida sus
gestos, oculta sus entrevistas,
conserva en secreto parte de su
correspondencia, vive así en un
perpetuo enmascaramiento, en¬
redada en una vida doble. Al pie
de cartas de un infantilismo ju¬
guetón dirigidas a su novio, es¬
cribe fugaz “por favor no vuel¬
vas a la imprudencia del so¬
bre’*... “no aludas a nuestra co¬
rrespondencia secreta”... “sigue
formal como hasta ahora...”.
Pero la doble vida se detenía en
el umbral de su poesía: en ella
supo llegar a esa “oscura raíz del
grito” para exorcisar su frustra¬
ción, el dolor de la división entre
el sentir y el vivir, pudo decir:
“Yo muero extrañamente... no
me mata la vida, no me mata la
Muerte, no me mata el Amor:
muero de un pensamiento mudo
Delmira Agustini
Explosión (El Libro Blanco. 1907)
Si la vida es amor, bendita sea!
¿Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
que un minuto azul del sentimiento.
Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea.
¡La vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!
Hoy partió hacia la noche, triste, frk
rotas las alas mi melancolía; i
como una vieja mancha de dolor ‘
en la sombra lejana se deslie...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!
como una herida...”.
El marido no escapa al rol re¬
presor en el que muchas veces se
refugian los hombres por miedo
a la sensualidad femenina, a su
expansión, al desborde que pue¬
de “llevar el universo al caos”,
teme y por lo tanto reprime. No
tolera el canto de su compañera
que lo invita: “Si la vida es
amor, bendita sea! Quiero más
vida para amar...!
Un mes antes de su casamien¬
to publica “Los cálices vacíos”,
su tercer libro de poemas en el
que vuelca “la verdad de su ino¬
cencia”. La ciudad no se lo per¬
dona, la gente la deja de saludar,
la esquiva, es el aislamiento to¬
tal. “Si estuviera en Europa po¬
dría sentarme sola en un café sin
escandalizar” y confesándose
con su entrañable amigo A.Z.F.
le dice: “Es un dulce milagro
sentirse comprendida cuando se
ha nacido para desconcertar...
cantaré para no sentirme tan
sola”.
A los 27 años Delmira Agusti¬
ni deja de existir. A su entierro
asiste un público mayoritaria-
mente femenino. Los diarios del
día ahora sí sin temor a la impu¬
dicia. se apoderan de la intimi¬
dad de la pareja y publican las
fotografías de los cadáveres se-
midesnudos. Una mujer asesina¬
da por pasión ya no merece res¬
peto, no se le pide recato, “sir¬
ve” a la prensa sensacionalista.
Delmira Agustini fue una mujer
inmolada.
E.F.
Mq)eR
5
Reportaje a mí misma
¿soy feminista o sindicalista?
MARIA JULIA ALCOBA, obrera textil,
sindicalista, uruguaya. Vive en Barcelona
y trabaja con grupos de mujeres desde
hace seis años, en un centro sanitario de
Planificación Familiar.
“Yo escribo como lo hacen muchas mu¬
jeres, en trocitos de papel, que guardan
encima de la heladera, entre los tarros de
cocina, para que nadie los lea.
Antes me daba vergüenza porque tenía
faltas de ortografía pero fueron mis com¬
pañeras de trabajo quienes me estimula¬
ron a dar a conocer lo que tenia guardado
en los bolsillos de mi túnica.
Son mis vivencias, momentos que com¬
partí con otras mujeres, que como yo esta¬
ban en lo mismo.
Por eso todas tendríamos que contar,
porque esa es nuestra historia, que sigue
en el anonimato. Quisiera que todas las
mujeres que escriben a escondidas, lo
compartieran, para que todas nos conocié¬
ramos mucho más y formáramos nuestra
corriente de opinión, una corriente de Mu¬
jeres para Mujeres ".
D e feminismo, no. las muje¬
res textiles no hablába¬
mos, no lo conocíamos.
Nos parecía que contábamos con,
el respeto de los compañeros: la
compañera que destacaba pasa¬
ba a la dirección del gremio, por
mérito que todos reconocían;
nos necesitaban, formábamos la
mayoría militante del sindicato.
En dos conferencias de muje¬
res textiles, hablamos de cosas
“nuestras”, es decir, casas cuna
en los lugares de trabajo, iguaL
trabajo, igual remuneración, co¬
sas que hicimos hacer suyas al
gremio, de la cual la segunda hi¬
cimos realidad en el año 1966.
No, de feminismo no hablába¬
mos, no...
Mirando hacia atrás, hoy me
siento trampeada. Desde luego
yo estaba convencida que estaba
representada en la dirección del
gremio. Sin embargo los textiles
en un 80% somos mujeres, y yo
ingenuamente me sentía repre¬
sentada con una o dos compañe¬
ras, en una dirección de 10 ó 12
compañeros; resulta que la re-
presentatividad era a la inversa.
Sí, como te decía, de feminis¬
mo no hablábamos, será porque
no teníamos tiempo, ocho horas
de trabajo de pié frente a la má¬
quina, con media hora para co¬
mer^ sentadas en el comedor de
la empresa, siempre con el grupo
que afectivamente te sentías me¬
jor. Luego ocho horas de trabajo
doméstico completaban la jor¬
nada, donde cenábamos casi
siempre de pie. y ocho horas
para dormir.
¿Feminismo?, nunca tuve
tiempo de pensar, siempre tuve
la impresión de vivir de prisa, de
comer de prisa, de dormir de
prisa, para estar a las 5:15 horas
tomando el autobús, a la maña¬
na siguiente, para la fábrica.
Sin embargo, siento que las
ocho horas de trabajo comparti¬
das con otras personas me daba
cierta sensación de comunidad y
libertad y la sensación de prisión
la sentía en casa, y una actitud
individualista, de soledad, en la
suerte del ama de casa, triste y
gris, en la cual, no dejaba desde
el punto de vista de la produc¬
ción, NADA, no dejaba nada, no
me quedaba nada entre las
manos. No, de feminismo no ha¬
blábamos. no...
Cómo es posible que me ani¬
me a pensar en voz alta esto, qué
contradicción! (En el momento
que era “explotada”, en el mo¬
mento en el que me quitaban la
“plusvalía”, marxistamente ha¬
blando, era cuando yo tenía la
sensación de libertad). Sería que,
cuando yo dejaba un objeto físi¬
camente logrado, yo sabía que
tantas canillas de hilo corres¬
pondían a tantos kilos de hilado,
era socialmente libre? Cuando
volvía a casa, me sentía atrapa¬
da, todo el peso de la casa me
oprimía, me aplastaba, me sen¬
tía indefensa, de nada me servía
el socialismo, se me escapaba
toda teoría de plusvalía; me
sentía como mujer sola. Sólo sé
que con mis compañeras me
sentía un tejido fuerte, difícil de
romper.
Será que, como textil, sé que
las tramas horizontales y verti¬
cales, hacen la fuerza de las
telas; y que un hilo solo, es fácil
de romper.
No, de feminismo no hablába¬
mos. no...
Julia Alcoba
Reportaje
Laura...
I N qué trabajas?
Yo hace muchos años que trabajo.
J>sde que tuve mis 4 hijos no paré de
rerlo, pero mientras fueron chicos po¬
díamos vivir con lo que Héctor ganaba.
Cuando comenzaron el liceo la situación se
hizo más difícil y me puse a tejer. Tejí por
varios años, ya hace casi 20, cosía en ve-,
rano y tejía en invierno hasta ahora que ya
estoy por cumplir los 60.
¿Pero qué te hizo decidirte a salir a tra¬
bajar fuera de tu casa?
La situación había empeorado. Mi ma¬
rido también trabaja por su cuenta y en
ese período estábamos muy mal. Lo que yo
hacía en casa no era suficiente. La situa¬
ción estaba mal para todos y la gente
mandaba menos a tejer, y cada vez paga¬
ban menos por el trabajo. En el año 85 me
pagaban lOO pesos por un buzo de hom¬
bre tejido y armado, y tenía que hacer 10
por semana, un esfuerzo que realmente ya
no podía hacer. Entonces me salió esta
oportunidad y me decidí a trabajar acá.
¿Seguís cosiendo?
SV, sigo cosiendo en casa para unos
muchachos que venden ropa a boutiques.
Ellos me traen la ropa cortada y yo la
coso. Este verano fueron pantalones, los
armo y los coso.
¿ Y te pagan bien ?
Te doy una cifra para ejemplo, estoy
haciendo cuatro pantalones por día y me
pagan 1(X) pesos por cada uno.
¿Pero cuánto sale ese pantalón en la
boutique?
Y más o menos 2.000 pesos, pero hay
otros que pagan menos.
¿ Y son muchas las mujeres que trabajan
en esto? _
Sí, creo que sí, aunque no estamos en
contacto. Yo por ejemplo conseguí dos
costureras más para estos mismos mucha¬
chos, y están muy contentas porque se ne¬
cesita trabajar, hacer un peso, aunque te
paguen muy poco. No existe una organiza¬
ción que diga que no se puede tejer o
coser a menos de tanto la hora o la pieza,
como en otros órdenes.
¿Cuántas horas al día trabajas?
Aquí estoy cíe las 10 de la mañana hasta
las 4 de la tarde y después voy a casa y
coso hasta las 12 ele la noche. Pero ahora
voy a dejar porque no puedo seguirme ex¬
plotando yo misma. Ya al quedarme más
horas acá voy a ganar más, así que dejo la
costura.
Las amas de casa que trabajamos en
casa estamos totalmente desprotegidas, la
única relación de trabajo entre nosotras es
a través de los intermediarios.
Graciela...
E xiste la creencia de que ser maestra
es un trabajo privilegiado, en el sen¬
tido que se tienen 3 meses de va¬
caciones, un horario corto, etc., tú qué
dices al respecto?
No sé, lo que puedo decirte, sin entrar a
analizar el carácter social de nuestro tra¬
bajo, es que en el aspecto estrictamente la¬
boral no tiene nada de privilegiado, en
primer término por el salario que percibi¬
mos (NS 10.000 sueldo básico), lo que nos
obliga a tener otro y otros trabajos que
generalmente se ubican dentro de nuestra
profesión, por ejemplo clases en una es¬
cuela privada, clases particulares por in¬
terminables horas, turnos en guarderías, o
cosas por el estilo. Teniendo en cuenta el
altísimo porcentaje de mujeres maestras
esto significa una labor continua en el tra¬
bajo y fuera de él en la atención del niño.
En qué sentido esto te parece una des¬
ventaja?
Mirá, hay mucho para decir al respecto
y sobre todo para desmistificar. Enseñar es
una tarea hermosa, pero cuando no se
cuenta con los medios adecuados tanto
materiales como políticos, las condiciones
en que se desarrolla la labor llegan a ser
extenuantes. Frente a una clase de 50 a
más niños, la mayoría provenientes de
hogares sin recursos, en escuelas sin ele¬
mentos suficientes, con una formación in¬
suficiente por todos estos años de oscuran¬
tismo, te sentís impotente frente a la res-*
ponsabilidad que tenés del futuro de esos
niños. Además, emotivamente, ser maestra
significa un enorme desgaste. No se “tra¬
baja”, se ama al niño; frente a tí no tenés
un expediente a llevar a término, sino una
vida humana y por eso mismo conlleva
una dosis de frustración ante aquellos que
no aprenden, o no se insertan en el siste¬
ma educativo.
Como te decía, cuando llegás a tu casa,
tus hijos también son una responsabilidad
tuya, y la maestra y la mujer se unen en el
trabajo y en la casa, con esa inmensa
carga emotiva que significa educar a los
niños.
Ademas de los problemas de fondo que
señalás respecto a la tarea educativa,
cuales son los principales problemas labo¬
rales que enfrentan los maestros hoy?
Hay muchos y tal vez sea difícil jerar¬
quizar uno. pero quiero señalar uno que
me parece fundamental para las mujeres
jóvenes: la desocupación. El año 85 marcó
un importante número de desocupación en
el magisterio; mientras existían clases su¬
perpobladas. había 850 maestros sin clase.
Creo que este año con el veto al presu¬
puesto va a ser peor. Así la desocupación
femenina seguirá en aumento.
Me ha costado valorar
mi ser mujer...
Teresa Porzecanski es Asistente Social y Licenciada en Ciencias Antropológicas. Tiene publicados
seis libros de ensayo en Ciencias Sociales y Trabajo Social v seis libros de ficción, la mayoría en narrativa
y uno en poesía. Ha escrito más de cuarenta artículos especializados en antropología en diversas
publicaciones nacionales y extranjeras, y relatos suyos integran diversas antologías latinoamericanas.
Desde 1970 se ha desempeñado como docente en la Universidad de la República y en
Universidades extranjeras. Es casada y tiene dos hijos adolescentes.
^ ¡JE entiende Ud. por fe-
cinismo?
No es en absoluto un conjunto
de “creencias” ni un dogma,
sino úna perspectiva que aborda
la consideración de ciertos valo¬
res, no sólo en relación a las
mujeres, sino con respecto al ser
humano en general: la solidari¬
dad, la generosidad, la equidad,
la no-violencia, a ser llevados a
la práctica en las relaciones con¬
cretas entre los seres, para esti¬
mular una sociedad armoniosa y
amorosa. Digo amorosa, porque
no puede haber armonía social
sin amor y, mal que le pese a
otras posturas —objetivistas, ra¬
cionalistas— los valores sociales
solidarios, no pueden ser alcan¬
zados por decreto o por discipli¬
na, despegados ambos de la
emoción. Una sociedad, enton¬
ces, no será armoniosa porque
sea bien controlada en sus im¬
pulsos conflictivos, sino porque
sus integrantes puedan com¬
prenderse y tolerarse.
Esta perspectiva no se aboca
solamente al burdo simplismo
de que “las mujeres sean iguales
a los hombres”. Ni hay tal sim¬
plismo ni hay tal igualdad. Gra¬
cias a que somos diferentes, y no
sólo fisiológicamente de los
hombres, el aporte que la pers¬
pectiva femenina puede hacer a
la sociedad es decisivo.
¿Qué es lo específico entonces
del feminismo?
Lo específico es intentar supe¬
rar los límites estrechos de las
posturas partidarias o de grupos
de presión, no caer en “consig¬
nas”, ni en “mensajes” limita¬
dos y dogmáticos, no resignarse
a ser “un mero movimiento de
mujeres”. Lo específico del fe¬
minismo es elevar a un plano
universalista, los aprendizajes y
valores que resultan del embara¬
zo, maternidad y lactancia, o
sea, de aquellas instancias que el
hombre no puede experimentar
en su cuerpo, ni, por lo tanto, in¬
terpretar en profundidad. Y
ellas apuntan hacia una cierta
vivencia del mundo y de las co¬
sas. en que el “ser para otros” (el
ser para el hijo) adquiere mayor
importancia que el “ser para sí
mismo”. Es la mujer quien está
biológica y emocionalmente in¬
serta en la trama de la continui¬
dad vital, de la conexión entre
pasado y futuro. El surgimiento
de la vida se da, en ella, como
una captación directa del movi¬
miento natural de transforma¬
ción de la energía en materia y
en conciencia.
De modo que en los valores
que rodean el lazo madre-hijo
radica el centro de la perspectiva
feminista, porque ese vínculo
orienta todos los otros vínculos,
y los valores de solidaridad, pa
cifismo, generosidad, tolerancia,
sacrificio, se extrapolan de él.
¿Qué le ha significado el
hecho de ser mujer en su activi¬
dad de escritora ?
Desde el punto de vista de mi
escritura, me ha costado com¬
prenderme como mujer, en un
mundo de pensamiento mascu¬
lino, en el que atributos como la
fuerza, la autoridad, la eficacia,
el poder (independientemente de
quienes los ejerzan) están inter¬
mediando en las relaciones hu¬
manas, no sólo entre hombres y
mujeres, sino también entre las
mujeres mismas. Me ha costado
no menospreciar mi femineidad
al tenor del menosprecio sutil y
ligeramente condescendiente que
es común denominador en nues¬
tra sociedad, heredera, por otra
parte, del abolengo romano del
pater-familias vía Occidente. Me
ha costado valorar mi ser mujer,
como instancia singular y enri-
quecedora, y defender mis dere¬
chos a escribir lo que quiero y
cómo quiero. Grandes dosis de
voluntad necesité para hacer dos
carreras universitarias y doce li¬
bros sin renunciar a la pareja y a
los hijos.
Pero también es cierto que yo
escribo desde mi cuerpo, desde
mi femineidad en su acepción
más visceral. No he cambiado mi
nombre como lo ha hecho Geor-
ges Sand. No es un yo “masculi¬
no” el relator de mis cuentos. No
oculto el cuerpo femenino en mi
escritura. Mi lenguaje no quiere
ser racionalista, objetivo o dis¬
tante, autoritario, omnisciente,
palabra santa. Escribo desde mi
incertidumbre humana, y ella
pasa por los ovarios.
¿La llamada “opresión de la
mujer" tiene que ver con la es¬
tructura de una sociedad de
clases?
Como bien lo señaló hace ya
años Simone de Beauvoir. tiene y
no tiene que ver. El vulgarmente
llamado “machismo” está pre¬
sente en todas las clases sociales
y en todos los sectores de ellas.
El proxeneta que explota a la
prostituta con la resignación de
ésta, o el marido del barrio de
emergencia que la mata a palos,
cuando está bebido o porque sí,
despliegan, en esencia, la misma
conducta del intelectual urbano
cuando le “pide” a su compañe¬
ra que haga la cena para los diez
compañeros de Comité que aca¬
ba de traer a su casa a mediano¬
che. La dominación, por más
sutil e intermediada que esté, es
la misma. Si el ejecutivo decide
económicamente sobre la vida
familiar, y es el único que trae el
dinero, la mujer, dondequiera
que esté en la escala social, está
siempre en un segundo plano.
Esto, al margen de decir que
también buena parte de intelec¬
tuales y ejecutivos golpean a sus
mujeres, bebidos o no, y ello no
es una metáfora.
Pero estos actos —a diferencia
de los que ocurren en los barrios
de emergencia— son siempre
acallados por el desprestigio que
implican para sus protagonistas.
Así, la dependencia económica
es. al mismo tiempo, emocional.
La mujer teme “el que dirán”, y
aún en las situaciones límites, se
niega a confesar cuando es mal¬
tratada, violada o privada de sus
derechos. Las formas de extor¬
sión que utiliza sutilmente la
“sociedad masculina” son la
amenaza y el retiro del sustento
de ella y de sus hijos. Habría que
hacer una investigación estadís¬
tica a nivel judicial para ver en
qué porcentaje de casos estas va¬
riables parecen significativas en
nuestro país. Pero los indicios
apuntan a que no lo son.
En resumen, aunque la socie¬
dad actual evolucionara hacia
una más equitativa distribución
de los ingresos, y hacia un relati¬
vo bienestar material, ello no
quiere decir nada respecto de la
“liberación de la mujer”. Esta
depende de otro cambio, mucho
más profundo, en las estructuras
de pensamiento, en los sistemr ^
de interpretación del mundo, eii'
los valores y en las actitudes.
t
I
Consejo del Niño María de los Angeles Stopiello,
Una reflexión necesaria
Asistente Social, Secretaria
General de la Asociación de
Funcionarios del Consejo
del Niño
UAL es la problemática
que rodea a los niños del
Consejo y en particular a
sus familias?
La problemática de fondo es
socioeconómica, sin dejar de re¬
conocer que existen otros facto¬
res que influyen en la necesidad
de que el Consejo intervenga.
Pero, en un altísimo porcentaje,
(me atrevo a hacer un cálculo es¬
timativo) un 80% de la población
del Consejo es una población
muy carenciada, de miseria, de
extrema pobreza, que trae como
consecuencia un deterioro en
las relaciones familiares, un de¬
terioro en el cumplimiento de los
roles y funciones del padre y de
la madre, que trastoca todo,
hasta la familia como institu¬
ción, o lo que social y cultural¬
mente se entiende por ello. La
familia del niño del Consejo
tiene características especiales,
un sistema de valores diferente,
ni malos ni buenos, diferente.
Unas posibilidades de dar afecto
y de recibirlo, diferentes.
Como es la célula familiar
tipo?
Existe una madre que está en
el centro, y una o distintas
figuras paternas que cambian.
En torno a la madre funcionan
todos. Ella es la que centraliza,
la que nuclea al grupo. Es una
madre que por otro lado está
muy limitada y exigida, porque
no puede responder a las necesi¬
dades de todos esos niños, y en¬
tra en un proceso —eso lo vemos
nosotras que atendemos a ma¬
dres adolescentes— de envejeci¬
miento, de desgaste físico, síqui¬
co y emocional, en el que van
perdiendo su capacidad de
amor.
Cuáles son las exigencias que
tienen estas madres?
Son las exigencias propias del
rol de mujer que la sociedad les
adjudica: cuidar de los hijos, ali¬
mentarlos, vestirlos, mandarlos
a la escuela. Pero a la vez tienen
que hacer limpiezas o ejercer la
prostitución, o hacer otras acti¬
vidades que la tienen alejada de
la familia, porque ella juega
también un rol de sostén econó¬
mico muy importante.
Y los compañeros o esposos?
Por lo general tienen un com¬
pañero con una mentalidad muy
machista. Habitualmente no
comparten la educación de los
hijos, ese es el rol de ella. El de él
es, en todo caso, el de traer el di¬
nero que pueda juntar.
Quién es el que desarrolla a
nivel de la familia, la relación
con el Consejo del Niño, v en qué
situación se da ese paso?
Generalmente es la mujer. Y
el paso se da cuando no tienen
qué darle de comer, cuando no
tienen vivienda, son situaciones
típicamente económicas.
Son madres con muchos hi¬
jos?
En la mayoría de los casos son
familias numerosas.
Conocen la planificación fa¬
miliar?
Lo que hemos notado es que
hay bastante resistencia a la pla¬
nificación familiar. Hay cierta
información, pero es posible que
haya deformación de la misma.
Pero también hay cierta resis¬
tencia a todo lo que signifique ir
al hospital, tener que hacerse
controles cada tanto tiempo,
cuidar “su” persona.
Siendo la mujer el centro del
medio familiar, la que da el paso
hacia el Consejo y la que mantie¬
ne la relación con él, se ha reco¬
nocido la problemática de la
condición de la mujer, se ha re¬
flexionado específicamente so¬
bre ella ?
Analizar la problemática des-’
de una óptica de la mujer, no. no
lo hemos hecho. Sí habíamos
visto la necesidad de ver el
problema desde un contexto fa¬
miliar, de investigar las dificul¬
tades sociales que tiene el grupo
familiar. Claro que al estar nu-
cleada generalmente la familia
en torno a la mujer, al ser ella el
eje del grupo familiar, creo que
se hace importante definir, estu¬
diar. la situación de la mujer.
Porque encontramos también
actitudes que tienden a juzgar a
esas madres, a decir que son
“buenas” o “malas” o “sinver¬
güenzas”.
Creo que una reflexión desde
la óptica de la mujer, se hace ne¬
cesaria.
¿Pero, ustedes son feministas?
Sí, somos
Somos feministas porque sa¬
bemos que la sociedad, en sus
distintos momentos y formas,
siempre ha planteado algún tipo
de discriminación de la mujer,
cualquiera sea su clase social o
nivel cultural. Y no se nos esca¬
pa que en nuestra sociedad uru¬
guaya concreta, capitalista y de¬
pendiente. el feminismo, como
movimiento de lucha y organiza¬
ción, requiere atender también
otros aspectos de la temática so¬
cial a los que se encuentra indi¬
solublemente unido.
“Somos feministas porque
trabajamos para organizar-
nos como mujeres y para
que esta organización ge¬
nere un movimiento en
todos los ámbitos de la so¬
ciedad...”.
Somos feministas porque tra¬
bajamos para organizamos co¬
mo mujeres y para que esta
organización genere un movi¬
miento que en todos los ámbitos
de la sociedad cuestione y elabo¬
re un punto de vista diferente,
transformador.
El feminismo surge como un
movimiento de liberación de la
mujer y abarca en su seno una
amplia gama de opiniones y ela¬
boraciones que las característi¬
cas de los movimientos sociales
de cada país le imprimen. Y así
hay un feminismo europeo, un
feminismo norteamericano, y
ahora, un feminismo tercermun-
dista. Lo que nosotras valoramos
del feminismo, genéricamente.
es la jerarquización de un enfo¬
que y una búsqueda de respues¬
tas al problema de la condición
de la mujer que aporta una teo¬
ría y un campo de lucha para la
mujer en tanto sujeto histórico
concreto como protagonista del
cambio.
A principio de siglo en
nuestro país las reivindicaciones
feministas se expresaron en el
movimiento de las sufragistas,
reclamando el derecho al voto
para la mujer; este movimiento
significó un cambio en la con¬
cepción del papel de la mujer
para la mentalidad provinciana
de aquel momento. Hoy. la exis¬
tencia de un movimiento de
mujeres es una necesidad para
modificar cualitativamente nues¬
tra participación en lo social, en
lo político, para impedir que se
sigan reproduciendo el uso y el
abuso de nuestra condición mar¬
ginal tanto en las relaciones in¬
terpersonales (familiares, labo¬
rales. de pareja, profesionales)
como en la propaganda, en los
medios de comunicación de ma¬
sas. en la política económica, en
la utilización de nuestro cuerpo
como objeto que reproduce cul¬
turalmente la subordinación que
cuestionamos.
MqjeR
D esde hace varios meses
hemos comenzado a anali¬
zar algunos problemas que
condicionan la participación de
la mujer, entendiendo por parti¬
cipación. el pleno desarrollo de
nuestra potencialidad personal y
social. Pero a diario desde que
comenzamos este trabajo, igual
que lo que le sucede a otros gru¬
pos de mujeres, nos enfrentamos
al recelo de una pregunta que.
con ironía, agresividad o quién
sabe qué cúmulo de cosas horri¬
bles. se esconde detrás de esa
palabra controvertida; “Femi¬
nismo*’.
¿Pero ustedes son feministas?
La pregunta tiene varios tonos y
la mayoría de ellos no por cierto
desprovistos de juicios de valor
negativos, por no decir de una
aversión profunda, como si estu¬
vieran frente a \in peligro o a
una desviación malsana. Y el te¬
ma aquí adquiere varias dimen¬
siones. Vayamos por partes y
comencemos por responder la
pregunta, a la que a través de la
magia del papel y de la máquina
de escribir estamos transfor¬
mando en una buena pregunta,
sin dobleces, ni prejuicios. Y
decimos, sí. somos feministas.
“Somos feministas porque
cada una de nosotras he¬
mos vivido personalmente
de una manera u otra la
discriminación, como ma¬
dres. como esposas, como
hijas, como mujeres...”.
Somos feministas porque cada
una en su condición y a su ma¬
nera vivió la discriminación co¬
mo madres, esposas, como hijas,
como mujeres. Sentimos el peso
de la injusticia de los roles asig¬
nados, de las limitaciones, de los
prejuicios, de las trabas. Situa¬
ciones que de manera aislada e
individual se nos presentaban
como insalvables, incambiables,
^ero que en un proceso de acer¬
carnos y en el descubrimiento de
vivir lo individual como colecti¬
vo, encontramos un camino de
cambio.*
“Somos feministas porque
sabemos que la sociedad,
en sus distintos momentos
y formas, siempre ha plan¬
teado algún tipo de discri¬
minación de la mujer...”.
“...las feministas de princi¬
pio de siglo imprimieron
con su lucha un rumbo y
un ritmo a la organización
del Estado y la sociedad...”.
“Debemos pues, conocer y
rescatar este protagonismo
para proyectarlo en el pre¬
sente y en el futuro de
nuestra lucha”.
Si las feministas de principios
de siglo imprimieron con su lu¬
cha un rumbo y un ritmo a la or¬
ganización del Estado y a la so¬
ciedad. junto a todo el movi¬
miento social, sindical y cultural
de la época, su paso por la histo¬
ria de nuestro país ha sido rápi¬
damente olvidado. Debemos
pues, conocer y rescatar este
protagonismo para proyectarlo
en el presente y en el futuro de
nuestra lucha. Las mujeres uru¬
guayas tenemos que ocupar
nuestro lugar en este movimien¬
to que en América Latina se va
multiplicando, construyendo la
propuesta de la mujer a partir de
su realidad, de la conciencia de
sus trabas, de la aspiración de
un nuevo rol social.
La
Dama
de
Knossos
— Dir. Elena Zuasti
Teatro del Notariado — Obra de Eduardo Sarlos
E sta obra estimula algunas reflexiones acerca de las figuras
masculinas que aparecen como personajes poco significativos
en relación a las dos mujeres (Delmira Agustini y la madre).
El padre, pequeño físicamente, siempre con el cuaderno negro de
las cuentas y la visita diaria al bar con los amigos, parece comple¬
tamente avasallado por su mujer y poco sensible frente a las
aptitudes de su hija. La esposa, descrita negativamente en los libros
sobre Delmira, adquiere en la obra un rol ambiguo, expresa una
profunda admiración por la hija, como si de su físico enfermo y de
su frustración naciera una necesidad de proyección a través de su
“Nena”. Trata de convencerla de no casarse, definiendo al futuro
marido como un verdadero peligro para su trabajo como escritora,
por no ser un hombre de su misma altura intelectual. Acto éste
notable si consideramos que para las mujeres de aquella época el
matrimonio era la única “carrera”. Trata de convencer al futuro
marido de que no deben tener hijos en seguida para no destruir la
capacidad creativa de Delmira (parecería una expresión de con¬
ciencia feminista).
Desde el principio de la obra se resalta la calidad de relación
que Delmira busca con el marido y lo que él. tan normal aunque
tan enamorado, es incapaz de comprender de una mujer compleja
como ella. Delmira hace notar la falta de sensibilidad y atención de
este hombre que tan sólo 20 días después del matrimonio, la espera
tirado en la cama en calcetines, considerándose ya un “marido", lo
que la lleva a sentirlo a pesar de su caluroso abrazo de deseo
sexual, como un elefante que pisotea un prado de flores. Estas
expresiones y reclamos de Delmira son incomprensibles para él y lo
habrán sido también para la mayoría de los espectadores mascu¬
linos.
Estas figuras masculinas, en apariencia insignificantes,
representan a los portadores y reproductores de los valores ma-
chistas que armarán las manos del marido asesino: el honor trai¬
cionado. la duda sobre su propia virilidad, la no aceptación de que
una mujer decida su futuro saliéndose de las reglas sociales de
aquella época, aún hov vigentes.
A.M^.
mjjs^
Buscando nuestra
sexualidad
L as mujeres nos estamos
reuniendo para hablar de
nuestra sexualidad, esta¬
mos compartiendo nuestras ex¬
periencias, nuestras percepcio¬
nes y nuestras interpretaciones.
Cada vez somos más las que
estamos interesadas en descu¬
brir, analizar y discutir con otras
mujeres cuál es el origen y la
explicación de nuestros proble¬
mas a nivel sexual.
Con frecuencia nos resulta di¬
fícil trasmitir lo que sentimos:
cómo gozamos, a veces, de nues¬
tro cuerpo y de nuestras relacio¬
nes sexuales o, lo que es mucho
más frecuente, cómo sufrimos o
padecemos situaciones incómo¬
das, desagradables y frustrantes
caracterizadas por la total au¬
sencia de placer sexual.
Pero, lo que deberíamos acep¬
tar con todas sus consecuencias
es que no es por casualidad que
experimentamos temor, vergüen¬
za o un irracional pudor no sólo
al vivir nuestra sexualidad, sino
simplemente al hablar de ella.
Lo evidente es que los siglos de
represión puritana que carga¬
mos sobre nuestros hombros han
hecho su lento pero seguro tra¬
bajo, como la gota de agua en la
piedra.
En los encuentros, en los talle¬
res, en la consulta personal,
cuando se alcanza el clima de
confianza suficiente, podemos
compartir testimonios como és¬
tos:
"Empecé a tener relaciones
sexuales a los ¡8 años, antes de
casarme. Yo no quería: pero él
insistió y, finalmente, acepté por
temor a que me dejara por otra.
Lo hice con mucho miedo. Nun¬
ca he tenido placer. Ahora tengo
30 años y discutimos mucho por
este problema ".
"No tengo deseos sexuales.
Antes sí los tenía, cuando está¬
bamos juntos, antes de casarnos.
Ahora cada vez me interesa me¬
nos hacer el amor. Tengo tres ni¬
ños, me siento muy cansada, no
tengo ganas de nada ".
"Tengo 40 años. No sé lo que
es el orgasmo. Lo he leído en al¬
gunas revistas para mujeres,
pero yo no sé lo que es. Nunca lo
experimenté. Mi amigo dice que
soy "frígida ". Por eso consulto.
¿ Podré lograrlo ?' \
"En mi casa nunca se habló
de estos temas. Mi madre era
muy "reservada". Una vez una
mujer me explicó algo acerca de
la menstruación. Cuando mens-
trué por primera vez me dió
mucha vergüenza y me escondía
por todos los rincones... En mi
vida de pareja he sido muy infe¬
liz: nunca quiero tener relacio¬
nes. No quisiera que a mi hija le
pase lo mismo ".
"Mi primera relación sexual
fue muy frustrante. Yo no quería
hacerlo, aunque me daba placer
estar juntos y acariciarnos. Un
día se puso tan enojado que, al
final, yo "aflojé". Sentí una sen¬
sación extraña, mezcla de ardor
V’ de dolor. Lloré mucho, no por
el dolor físico, sino porque yo no
quería perder mi virginidad.
Nunca más sentí deseos sexua¬
les ’ ’.
"Gozo sólo cuando me esti¬
mulo la zona del clítoris. Cuan¬
do intentamos tener relaciones
con penetración, me "quedo
fría ". Es como si se me fueran
las ganas ".
"No estoy a bien con mi cuer¬
po. Cuando me miro en el espe¬
jo, veo mis senos demasiado pe¬
queños y me da vergüenza... no
me gusta que me vea desnuda ".
Pues bien: estos testimonios
son muy frecuentes. A veces,
muy de tanto en tanto, aparecen
testimonios afirmativos, como
los que siguen, pero resulta de¬
primente constatar su bajísimo
porcentaje:
"Para mí el sexo es muy her¬
moso. Desde pequeña sentí pla¬
cer de tocarme y de acariciarme.
Mi madre nunca me lo prohibió.
Cuando empecé a tener relacio¬
nes sexuales, las viví como una
experiencia tan agradable que
siempre he buscado que se repi¬
ta una y otra vez ".
"A mí me gusta mi cuerpo.
Cuando era chica, me gustaba
niucho andar sin ropas. Mi cuer¬
po desnudo siempre me ha dado
placer'
La elocuencia de estos testi¬
monios habla por sí sola. Nos
muestra claramente cuántas du¬
das. cuánta ignorancia, cuánta
frustración caracteriza la vida
sexual de la mayoría de las mu¬
jeres. Conocemos muy poco
nuestro cuerpo: nos cuesta mu¬
cho aceptarnos como somos.
Este hecho no nos debería ex¬
trañar: en nuestra vida, hemos
crecido bombardeadas simultá¬
neamente por dos tipos de men¬
sajes contradictorios: un tipo de
mensaje, el de nuestros padres,
de la iglesia, de las instituciones,
que nos dice y nos repite, directa
o indirectamente, que el sexo es
sucio, que es peligroso, que es
pecado tocarnos y gozar de
nuestro cuerpo: que es pecado,
que está mal o que somos malas
mujeres si vivimos nuestra se¬
xualidad antes del matrimonio o
al margen de él: que las mujeres
no deben usar anticonceptivos
antes de casarse: que es pecado,
que es inmoral y criminal practi¬
carse un aborto: que el sexi> sólo
es valioso si está al senicio del
amor y de la procreación.
Por otro lado, recibimos el
otro tipo de mensajes: el cine, la
televisión, las revistas femeninas
y los anuncios publicitarios nos
repiten hasta el cansancio que
tenemos que ser “libres", “des-
inhibidas". “modernas": que es
decisivo para una mujer ser
atractiva, seductora, conquista
dora. etc., etc.
Pues bien: es hora de que las
mujeres aprendamos, de una vez
por todas, a resistir y a cuestio¬
nar combativamente la hipocre¬
sía social de este doble mensaje.
Es necesario que nos decidamos
a analizarlo en profundidad, to¬
mando conciencia de dónde es
que proviene y qué se propone
esta ideologia de la ambigüedad
y de la contradicción: quiénes
son los que “manejan" estos do¬
bles mensajes y para qué y con
qué fines lo hacen.
La liberación social, política,
económica, cultural de la mujer
es un proceso en marcha. Es un
proceso incontenible. Pero la.
liberación efectiva y total de las
mujeres concretas no se podrá
alcanzar o se desvirtuará hipó¬
critamente si el proceso se detie¬
ne. como hasta ahora, prudente¬
mente. al borde de la cama.
E.L.
¿Qué
sexualidad?
L a sexualidad es una comunicación en el sentido más amplio
del término. La libido no se expresa sólo a través del acto
sexual sino en el conjunto de mensajes y expresiones que
hacen a la persona misma. Es así que el acto sexual no es el único
aspecto de la sexualidad, aunque tal vez el más emocionante.
El lenguaje sexual no puede ser sólo un rito técnico que tiene
como fin el orgasmo físico; así entendido, sólo es fuente de frus¬
tración para la mujer. Es la comunicación entre dos seres que
buscan, allí donde las palabras difícilmente llegan, un gesto, un
calor emocional, el hacer suyo el placer del otro, viviendo plena¬
mente el propio placer. Esta actitud sexual crece, se desarrolla en
un “in crescendo” de mensajes de amistad, ternura, confianza,
que son el verdadero preludio del orgasmo sexual. Pensar que
sean las “sabias caricias” el único preludio del orgasmo, es real¬
mente no haber comprendido nada de la sexualidad y reducirla a
la forma más empobrecida. Conocer nuestro cuerpo y sus locali¬
zaciones eróticas no sólo facilita la comunicación de nuestras ne¬
cesidades con la pareja, sino que es también un profundo conoci¬
miento de nosotras mismas. Esto implica una relación de creci¬
miento que durará toda la vida y hará nuestra sexualidad siempre
distinta en el correr de los años, adaptándola más fácilmente a las
diversas fases de transformación física de la mujer.
Es competencia nuestra, en nuestra especificidad como mu¬
jeres, la propuesta de una sexualidad que nos comprenda al
hombre y la mujer como dos sujetos protagonistas en la misma
intensidad.
A.M.C
^ .■
Mq)eR
La cárcel
¿una experiencia feminista?
D IRA la historia de nuestro
país que durante muchos
artos, muchos hombres vi-
viervm sólo con hombres y mu¬
chas mujeres sólo con mujeres.
No bien se cerrarían las dejas
dejando de un lado a hombres y
mujeres libres y del otro sólo a
—en nuestro caso— mujeres
presas, una vaga interrogante se
instaló sin que nadie la formu¬
lara.
A partir de ese momento los
problemas se presentaron de
una forma muy distinta a la que
conocíamos. Tal vez fueran, en
el fondo, los mismos de siempre,
pero no era fácil descubrirlos
ahora. No estaban tratados en
ningún libro, nunca los había¬
mos discutido y no se podía re¬
currir para su examen ni a la
familia ni a los compañeros.
No había otra alternativa que
RESOLVER. Encontrar la for¬
ma ^n que nuestras pequeñas
sabidurías personales, tan limi¬
tadas como nuestras edades, en¬
traran en una relación de cola¬
boración que las hiciera produc¬
tivas. O sea. descubrir y soltar
las trabas de inseguridad, com¬
petencia y dispersión que habían
caracterizado nuestras relacio¬
nes sociales. Sustituirlas por
otros lazos de solidaridad que
ensancharan la capacidad de
»das.
El panorama no era rosado:
por delante, largos años de cár¬
cel, de apremios que quién sabe
qué significarían exactamente
para nosotras. Había que en¬
contrar la mejor forma de vivir^
allí, de levantar una barrera
entre aquel efecto destructivo y
nuestra integridad. A menudo
esa lucha se expresó en formas
primarias, como una lucha con¬
tra el odio con el que nos ase¬
diaban.
Así, una característica feme¬
nina, surgida de las condiciones
en que vivimos desde tiempos in¬
memoriales, vino a convertirse
en fuente vital de un comporta¬
miento voluntario. De nuestra
experiencia social más antigua
nacía a raudales el don de la so¬
lidaridad esencial, de la afectivi¬
dad: cantamos para nuestros ni¬
ños cuando los gritos de odio y
amenaza quisieron tapar nues¬
tro diálogo. Hicimos teatro, mí¬
mica y baile cuando se nos quiso
inmovilizar toda expresión hu¬
mana. Abrazamos a las compa¬
ñeras cuando se quiso hacer sen¬
tir la soledad como un peso de
plomo sobre cada una.
En medio de las paredes, na¬
die tan expuesto como el compa¬
ñero enfermo síquico. Sobre
ellos se apuntó la maquinaria
destructiva de la cárcel, pero a
su alrededor levantamos noso¬
tras la protección que no tuvi¬
mos que aprender: la del afecto
que hace frente a todo, la de la
solidaridad.
La primera tarea que juntó
nuestras cabezas fue la de Ínter
pretar colectivamente lo que
estábamos viviendo. Luego hubo
que evaluar si lo hecho era acer¬
tado o había que corregir. Y
todos estos pasos en un mismo
sentido nos dejaron un legado
extraordinario: METODO. Na¬
da menos que ese invalorable
modo de hacer las cosas que nos
estuvo vedado siempre y al que
sólo accedíamos algunas, indivi¬
dualmente y a costa de desmedi¬
dos esfuerzos.
Nos lanzamos con entusiasmo
y aplicación escolar sobre temas
antes inabordables.
Pero no sobre todos los temas.
Había una zona infranqueable a
la que no llegaban las conclusio¬
nes comunes. Se trataba en ge¬
neral de nuestro particular de¬
sempeño como madres, como
trabajadoras, como compañeras,
en fin, como mujeres. ¿Estába¬
mos conformes? Allí se cerraba
el debate, como si hubiera un
coto cerrado de relaciones pri¬
vadas.
El día en que alguien propuso
hablar de nuestros problemas
específicos como mujeres, la res¬
puesta fue tajante: “¿Y qué pro¬
blemas tenemos nosotras que no
sean los problemas de todos?”.
Punto.
Resultaba evidente la falta de
armonía. Cientos de mujeres de
todas las edades, de múltiples
orígenes y experiencias viéndo¬
nos vivir y, sin embargo, no era
del todo nítido el campo de pro¬
blemas comunes.
La cárcel como experiencia,
como hecho nacional, tocó a más
gente de la que encerró. Hay que
tener presente para responder a
la cuestión de si la cárcel fue una
experiencia feminista o no. que
involucró a una población feme¬
nina mucho mayor que el núme¬
ro de presas. Todas esas mujeres
que protagonizaron durante tan¬
tos años un papel distinto al tra¬
dicional, participando activa¬
mente en la lucha por la digni¬
dad. por la vida, por la justicia,
construyeron algo muy impor¬
tante: la clase que permitió ela¬
borar las respuestas que hoy
aparecen con más claridad.
No sacamos conclusiones co¬
munes de todos aquellos proble¬
mas que parecían ser de todas, y
esa falta importa mucho. La ex¬
periencia vivida como mujeres,
siendo pues incompleta, sólo
definirá sus alcances a medida
que enfrente las presiones a que
se verá sometida. De lo que no
cabe duda es de que marca un
hito en la historia del feminismo
uruguayo.
I.T.
Libro de las Brujas
1 ,
H ablamos con Serena Fo-
glia por teléfono para con¬
certar una entrevista que
no pudo ser por motivos de fuer¬
za mayor; un leve acento italiano
y una modulación musical nos
propusieron postergar nuestras
preguntas para el mes de julio.
Será entonces en invierno cuan¬
do sabremos por qué esta italia¬
na graduada en Ciencias Políti¬
cas y en Sociología, presidenta
de la Asociación Italiana de As-
trología, con 4 libros sobre este
tema publicados en Italia, mari¬
do banquero y varias hijas muje¬
res, se dedica al estudio de las
brujas y de sus prácticas, descri¬
biendo en 179 páginas el atroz
genocidio que significó la ma¬
tanza en la hoguera de más de 8
millones de mujeres entre los si¬
glos XIV y XVIL
El ‘‘Libro de las Brujas”* tra¬
ducido al castellano por Evi
Camussi y Nora Giometti es de
lectura amena. Enfoca el tema
partiendo del hecho de la doble
imagen de la “bruja” a través de
los siglos: la de la bella, que cura
y hace el bien, más cercana al
hada en realidad, que arrancaría
de un culto pre-cristiano de
origen celta, y la de la vieja, obs¬
cena, castrante, infanticida, que
copula con el mismísimo demo¬
nio, imagen configurada por el
cristianismo hacia el siglo XIII.
Esta visión ambigua de la mujer,
le confiere sin embargo, poderes
casi sobrenaturales, como sólo se
les había otorgado a las diosas
de la antigüedad. Nos pregunta¬
mos, ¿es que eran en realidad las
mujeres tan poderosas?, ¿po¬
dían volar, convertir a los hom¬
bres en animales, castrarlos,
eran capaces de comer 16 niños
en una sola noche, de hacer
llover y producir la sequía? ¿Có¬
mo se pudo llegar a esta irra¬
cionalidad colectiva e institucio¬
nalizada, puesto que eran la
Iglesia y el Estado quienes pa¬
trocinaban la matanza: pero, so¬
bre todo, estaremos tan libres
hoy en día de una “cacería de
brujas”, cualquiera sea su sig¬
no?
El libro hace un breve recorri¬
do por las distintas encarnacio¬
nes de la bruja/maga a través de
la historia y la literatura, y de
sus vinculaciones con la religión,
la filosofía y la ciencia, y consi¬
gue llenarnos de estupor con las
argumentaciones de la Bula del
Papa Inocencio VIII que, en
1484 ratifica el tratado de dos
tristemente famosos monjes,
dando así piedra libre a la “ca¬
cería de brujas”. El tratado, que
fue usado como Código de Juris¬
prudencia en los procesos contra
8 millones de mujeres, establecía
la indisoluble unión entre bruje¬
ría y sexo femenino, siendo un
“...feroz, increíble documento
de obsesiva y fanática misogi¬
nia”. Como muestra, basta leer
una de las “demostraciones” so¬
bre la perversión de las mujeres:
“...que habiendo nacido de la
costilla de Adán, costilla que es
de forma doblada, la mujer tiene
una estructura física defectuosa,
por lo tanto su índole no puede
ser sino inferior e imperfecta”.
Así de simple!
Creemos que “El Libro de las
Brujas” nos sirve para meditar
por qué la mujer fue ese “cabeza
de turco” en el que los hombres
depositaron seguramente tantos
miedos ancestrales. Qué tipo de
poder femenino simbolizan las
brujas cuando la peor de las
^acusaciones que se les hizo fue el
infanticidio, justamente lo opues¬
to a la capacidad femenina pri¬
maria de dar la vida? En resu¬
men, un libro de divulgación
pero lleno de sugerencias, para
seguir reflexionando.
E. F.
* “El Libro tic las Brujas", ilc Se¬
rena Foglia. Fd. (ie la Pla/a.
Montevideo. 1985.
RECIBIMOS EL APOYO FEMINISTA DE DOS ARTISTAS
URUGUAYOS PARA NUESTRA CAMPAÑA FINANCIERA:
JUAN STORM Y GUILLERMO BUSCH CREARON PARA
“COTIDIANO MUJER” DOS OBRAS QUE FUERON REPRO¬
DUCIDAS Y NUMERADAS PARA UNA VENTA SOLIDARIA
CON EL COTIDIANO.
Se pueden adquirir en el local
de Cotidiano Mujer, Ana Mon-
terroso de Lavalleja 2010. los
miércoles de 17:00 a 19:00 o
bien llamar al teléfono 44729.
NUESTRO FUTURO DEPENDE DE USTEDES. COTIDIA¬
NO MUJER PODRA SEGUIR SIENDO UNA REALIDAD SOLO
CON EL APOYO DE CADA UNO Y CADA UNA DE USTEDES.
Feminismo latinoamericano
Las mujeres peruanas, un ejemplo
F eminismo latinoamerica¬
no, obviamente un tema no
muy preferido de diarios,
noticieros, programas de TV y
revistas existentes en nuestro
medio. Evidentemente un tema
no muy hablado ni al que se
hace referencia cuando se co¬
menta sobre feminismo. Los co¬
mentarios, con una sorprenden¬
te frecuencia, están siempre di¬
rigidos, con una clara intención
ridiculizante y desvirtuadora,
hacia el feminismo europeo y
americano.
Pero ¿cuántas veces hemos
visto, leído u oído del feminismo
latinoamericano? ¿Oué infor¬
mación nos brindan al respecto
los mismos medios de comunica¬
ción que eternamente han car¬
gado sus tintas, tendenciosa y
subjetivamente, en opiniones y
comentarios sobre toda manifes¬
tación feminista?
América Latina cuenta con un
movimiento feminista nacido de
la realidad de las mujeres de
todos los estratos sociales, razas
y sectores políticos. Un feminis¬
mo comprometido con la reali¬
dad latinoamericana que denun-
Datos que interesa
conocer:
* La mujer peruana recién ob¬
tuvo el derecho al voto en ,
1955.
♦ De cada 100 analfabetos. 54
son mujeres.
♦ Una cuarta parte de las muje¬
res mayores de 15 años sólo
tiene educación primaria in¬
completa.
♦ Otra cuarta parte nunca ha
ido a la escuela.
* Las mujeres reciben la mitad
de la remuneración que perci¬
ben los hombres por el mismo
trabajo.
En 1985 dos candidatas femi¬
nistas se presentaron a las elec¬
ciones parlamentarias bajo la Iz¬
quierda Unida. Victoria Villa-
nueva, candidata a senadora, or¬
ganizadora del Movimiento Ma¬
nuela Ramos en 1978. Virginia
Vargas, candidata a diputada,
coordinadora del Centro de la
mujer peruana, Flora Tristán.
Rosa Dueñas, feminista, mili¬
tante de la Izquierda Unida y re¬
presentante de los grupos indí¬
genas, asume en 1985 la Conce¬
jalía de la Municipalidad de Li¬
ma: uno de sus proyectos, crear
la Casa Municipal de la Mujer.
Su finalidad, dar servicios de in¬
formación y orientación en pro¬
blemas de salud y legales, con
especial énfasis en casos de mu¬
jeres golpeadas y violadas.
cia la doble discriminación que
se sufre por ser pobres, margina¬
das, explotadas y MUJERES.
Doble discriminación que hace a
la lucha de las mujeres del
Tercer Mundo indispensable¬
mente comprometida con toda
la problemática política y socio¬
económica, y que vuelve a lo
“privado” inevitablemente “pú¬
blico”. Feminismo que ha en¬
contrado en los ejemplos euro¬
peo y norteamericano, y en las
diferentes corrientes feministas,
puntos de apoyo teórico, refle¬
xiones y situaciones sorprenden¬
temente similares. Pero que
también ha elaborado sus pro¬
pias reflexiones y caminos de
lucha.
PERU, con una historia du¬
ra. llena de injusticias y someti¬
mientos, con un medio social
violento, contradictorio, e injus¬
to en sus discriminaciones por
raza, clase y sexo, cuenta entre
sus fuerzas sociales con grupos
de mujeres, grupos feministas
que ya desde principios de siglo,
y con más fuerza desde la déca¬
da del 70. luchan por lograr una
sociedad más justa, pero más
justa para todos.
El Centro de la Mujer Perua¬
na Flora Tristán, el Movimiento
Manuela Ramos, el Frente So¬
cialista de Mujeres, la Comisión
Organizadora de la Mujer Pe¬
ruana, el Grupo de Autocon-
ciencia de Lesbianas Feministas,
el Colectivo Feminista cristiano
“Talitha Cumi”, la Asociación
Amauta de Mujeres de los Ba¬
rrios populares de Cuzco, los
Centros de Mujeres de gran can¬
tidad de pueblos y ciudades pe¬
ruanas, el grupo de teatro el
“Retablo”, etc., etc., etc., son
algunos de los nombres que in¬
tegran la larga lista de grupos
movilizados en torno a la proble¬
mática de la mujer. Mujeres tra¬
bajadoras. mujeres indígenas,
pobladoras, empleadas domés¬
ticas, amas de casa, profesiona¬
les, candidatas al parlamento en
las últimas elecciones, se movili¬
zan en contra de las leyes que
discriminan a la mujer, por la le¬
galización del aborto, por el
acceso a los anticonceptivos, en
contra de la esterilización forza¬
da. por la reapertura de los con¬
sultorios de planificación fami¬
liar, contra la comercialización
del Día de la Madre, en apoyo a
la lucha de los sindicatos feme¬
ninos, por “No más violencia
contra la Mujer”, para denun¬
ciar torturas y violaciones.
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Las indias nos estamos
haciendo feministas’’
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nos pdpeaii. eieeii que golpeando
mujer ellos son mas liombies y iij
eieiio eso de que “mas me pegas j
le quieio"
Realizan jornadas de refle¬
xión, discusión e información
sobre: sexualidad, con grupos de
adolescentes y mujeres adultas;
salud, trabajo, legislación, mal- .
trato, violencia, situación nacio¬
nal, elecciones generales, sobre
problemas, que como mujeres,
se veh enfrentadas día a día.
Editan revistas y boletines, crean
centros para la mujer, organizan
comedores y guarderías, forman
bibliotecas y centros de docu¬
mentación. LUCHAN!! Pero de
una manera distinta, con un
nuevo aporte, con una nueva
visión de lo que es lucha y lo que
es Poder. Sensible, emotiva y so¬
lidariamente.
Cotidiano Mujer, identificado
con esta forma de lucha, defini¬
do en este feminismo, se suma
como una voz más a las muchas
voces que día a día nacen en la
denuncia, se fortalecen con Ij'*
comunicación, se enriquecen en ^
los aportes y crecen en la unión
de ese gran movimiento feminis¬
ta latinoamericano.
L.A.yB.B.
Nombre
Dirección .
País
Suscripción anual:
Internacional
América Latina
Uruguay
U$S 201
U$S 101
N$ 800,
I
Enviar a nombre de Elena Fon-
seca con giro postal o cheque, j
I_I
Coiidiano Mujer es una publicación
mensual del Coleciivo Editorial
Mujer.
Directora Responsable: Elvira Luiz
Colectivo de Redacción: Lilián
Abracinskas. Brenda Bogliaccini.
Lilián Celiberii. Elena Fonseca.
Elvira Luiz
Colaboradoras Permanentes:
Alina María Coluzzi. Mina Peggo.
Ivone Trías.
Colaboraron en este número: María
Julia Alcoba. Anna Danielli
Diagramacion: María Laura
Bulanii. Brenda Bogliaccini
Fotografía: Estela Peri
Dibi^os: Pilar González,
La la Severi
Dirección: Ana Monterroso
de Lavalleja 2010
C.C. 10649 D-l Montevideo
Impresión: Petirossi Hnos.
CiHiper 2229
IX'pósito Legal 201.607
Registro CarjHMa n. % 85-4682
(en trámite)
MqjeR
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8 de Marzo de 1909
Fábrica Cotton - Nueva York
129 obreras textiles mueren quemadas dentro de su lugar de
trabajo. Las puertas de la fábrica han sido cerradas por su dueño. El
motivo: evitar que se contacten con las mujeres sindicalistas que ma¬
nifiestan frente a la misma. Un accidente, llamas y las puertas ce¬
rradas. 129mujeres mueren quemadas.
Pero luego de un intervalo de silencio para muchas de nosotras
se convirtió en un descrubrimiento que en el 8 de marzo de 1984, los
noticieros de los canales de TV entrevistaran a las representantes de
la Coordinadora para la Conmemoración del Dia Internacional de la
Mujer. ¿Día Internacional de la Mujer?
En el Nueva York de 1909 muchas mujeres comienzan a orga¬
nizarse y protestar contra las condiciones de inseguridad e insalu¬
bridad de los lugares de trabajo, por los bajos salarios y abusos de las
patronales. Muchas de esas mujeres han sido despedidas con la clara
intención de desarticular todo intento de sindicalización. Pero las
mujeres salen a la calle, y en “£/ Gran Levantamiento ” manifiestan
durante 13 semanas bajo la proclama ^Estamos en huelga por un
tratamiento humano
La Jefatura de Policía de Montevideo ha prohibido la marcha
silenciosa y el acto con lectura de proclama que se había organizado.
"Las reivindicaciones y los motivos para tal conmemoración tienen
en sí una protesta sindical y una actuación política. Existe el riesgo
de que se altere el orden público que la Jefatura tiene la obligación de
salvaguardar".
El frío, los matones a sueldo, las prostitutas pagas por los pa¬
trones. la policía, la cárcel, no logran amedrentarlas.
La prohibición era una prohibición más de las muchas que
sufríamos. Pero lo nuevo estaba en lo que se conmemoraba, en la
realidad de saber grupos de mujeres organizados, trabajando, res¬
catando las mujeres de la historia.
Apoyadas por todos los trabajadores de las fábricas textiles, por
las sufragistas, por las feministas, logran sus mejoras salariales, pero
el Sindicato no las reconoce y las mejoras de las condiciones de tra¬
bajo nunca llegan a cumplirse.
8 de marzo de 1985
Copenhague - Dinamarca 1910
Los movimientos y asociaciones de Mujeres se reúnen en la 2^
Conferencia Internacional Femenina y bajo la iniciativa de Clara
Zetkin (dirigente obrera del Partido Social Demócrata Alemán) se
declara el 8 de marzo DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER.
Las frustraciones e impotencias ante las prohibiciones, el poder
irracional, se convierten en fuerza creadora y en trabajo fecundo.
Finalmente las mujeres en la calle, junto a una infinidad de mujeres
en el mundo, conmemoramos el 8 de marzo, el DIA INTERNACIO¬
NAL DE LA MUJER. Reunidas en la Plaza del Entrevero y luego
marchando hasta la Cárcel Central donde aún quedan mujeres pre¬
sas, dimos un paso más en la construcción de nuestra identidad.
Montevideo - Uruguay 8 de marzo de 1984
Siempre se conmemoró el 8 de marzo en actos que muchas
ignoramos. En las fábricas textiles y en actos de las mujeres organi¬
zadas se le rindió homenaje a todas las obreras caídas.
Conocer y compartir este proceso, tiene como fin encender en
cada una de nosotras, de todas las mujeres uruguayas, la incontro¬
lable necesidad de empezar (para aquellas que aún no han empeza¬
do) y seguir con seguridad (para las que ya han creado sus caminos)
en este 8 de marzo la lucha por los Derechos Inalienables de la
Mujer. Convertir en nuestro día todos los días del año.
W44tw/
wm
o de marzo de 1986
Libres en la maternidad
Iguales en el trabajo
Protagonistas en la sociedad
Colectivo Mujer.
Actividades a desarrollarse en Montevideo
con motivo de la conmemoración del 8 de marzo
“Día Internacional de la Mujer”
6 de marzo
La Asociación
de Mujeres Periodistas (AMPU),
realizará un acto que tendrá
lugar en el Teatro de la Alianza
Francesa a las 19:00 horas con
una disertación sobre ‘‘Educa¬
ción para la Paz”. Posterior¬
mente actuarán Cristina Fer¬
nández y Washington Carrasco.
7 de marzo
Las mujeres
del Frente Amplio emitirán un
mensaje a todas las mujeres a
través de las ondas de CX 30 La
Radio en cadena con emisoras
del Interior.
8 de marzo
Día Internacional de la Mm'er
Hora 10:30 — Manifestación
por 18 de Julio. Convoca Asocia¬
ción de Mujeres Uruguayas
Lourdes Pintos (AMULP) ‘‘Mu¬
jer defensora de la vida”. Las
mujeres marcharán de Plaza
Independencia a la Plaza Li¬
bertad. Están invitadas todas las
mujeres.
Hora 19:00 — El Plenario de
Mujeres Uruguayas (PLEMUU)
organiza una Mesa Redonda en
la Acción Sindical Uruguaya
(ASU), José Enrique Rodó 1836,
en donde los grupos barriales
van a relatar experiencias, logros
y dificultades. Dos grupos que
coordinan con PLEMUU fueron
especialmente invitados: Madres
y Familiares de Desaparecidos y
el Grupo Ecuménico de Muje¬
res. Participará también una
mujer delegada del PIT-CNT.
La Unión de Mujeres Urugua¬
yas (UMU) conmemora el 8 de
marzo con el “festejo en los ba¬
rrios”, una conmemoración de
“carácter jubiloso, porque en¬
tendemos que sólo a través de la
alegría es válido acercarse a las
otras mujeres para emprender
juntas la lucha que nos permita
vivir mejor”.
Realizarán jornadas previas
de pegatina y volanteada y el día
8 la Comisión de Mujeres de la
Costa harán su fiesta conjunta¬
mente con otras organizaciones
sociales en Lagomar Km. 21:
Covisunca en Felipe Cardoso y
Pitágoras realizarán un acto en
la calle; en Piedras Blancas, Los
Boulevares, La Chimenea, Las
Torres, las compañeras de UMU
desarrollarán diferentes activi¬
dades, para las cuales esperan
contar con la presencia de todas.
10 de marzo
En el Salón
de Actos del diario “El Día” 18
de Julio 1299 las mujeres del
Partido Colorado que ocupan
puestos de Gobierno integrarán
un panel sobre: “Sus experien¬
cias y una evaluación de la Con¬
dición de la Mujer”. Participa¬
rán del mismo, la Dra. y Minis¬
tra de Educación y Cultura, la
Sra. Adela Reta; Magdalena
Gerona (SODRE); Fanny Arón,
diputada; Ana María Ruggia,
edil; Ercilia Bomio, senadora
suplente y María Ester Canto-
net, consejera de ANEP.
13 de marzo
Homenaje
por el Día Internacional de la
Mujer de la Junta Departamen¬
tal de Montevideo. Hablarán las
ediles: Amalia Alonso, María
Ruggia. Laura Fontán y estarán
presentes mujeres integrantes de
la Comisión de la Mujer de la
CONAPRO.
9 de marzo
Hora 15:00
Carrera “Día Internacional de la
Mujer” a realizarse en el Hipó¬
dromo Nacional de Maroftas, or¬
ganiza el grupo Condición de la
Mujer del Partido Colorado, Li¬
bertad y Cambio.
fs! Trjsrco c:te
'(SentanB efeoos 2>ens-
ehos o/ya-
n/saaía por /b Comisión
por e/ ^eancu^n^ro de
/as orL^o^oSiCof/diS-
no con \/o C.B
a una Üésa /Csoo/uda ■
an /m
Explanada Municipal— Feria y Acto — Lunes 10 de marzo
Todas Juntas
conmemoramos
el Día Internacional
de la Mujer
A partir de las 14:00 horas se
realizará una Exposición Feria
convocada por el grupo “Condi¬
ción de la Mujer” de la Concer-
tación Nacional Programática
(CONAPRO), a la cual se adhie¬
ren los grupos de mujeres que no
integran dicha comisión.
Todos los grupos participan¬
tes de la convocatoria expondrán
en los stands situados en la Ex¬
planada Municipal el material
producido por sus organizacio¬
nes, relativos al tema de la Con¬
dición de la Mujer.
A las 20:30 horas se dará lec¬
tura a una proclama y posterior¬
mente se dará comienzo a un es¬
pectáculo artístico.
PIT-CNT conmemora
el 8 de marzo
El sábado 22, en la reunión de
la mesa representativa amplia¬
da, la Federación Uruguaya del
Magisterio • Trabajadores de
Enseñanza Primaria presentó
una moción que transcribimos,
para que la central de trabaja¬
dores convocara dentro del ca¬
lendario de movilizaciones pre¬
vistas a la conmemoración del 8
de marzo. Día Internacional de
la Mujer. Las compañeras de
AEBU de la Comisión de Muje¬
res hicieron llegar a la dirección
de la central una iniciativa simi¬
lar. Saludamos calurosamente la
iniciativa de las sindicalistas.
Dice la moción presentada:
Considerando a) el papel de la
mujer uruguaya en la resistencia
a la dictadura organizando des¬
de los barrios la protesta po¬
pular.
b) que este protagonismo en la
lucha contra la dictadura debe
crecer y multiplicarse en esta
etapa de participación democrá¬
tica.
c) que el 8 de marzo es una
fecha histórica que recoge el
protagonismo de la mujer traba¬
jadora en la forja de los sindica¬
tos clasistas.
SE RESUELVE:
QUE el movimiento sindical
uruguayo nucleado en el PIT-
CNT recoja la fecha del Día In¬
ternacional de la mujer reivindi¬
cando el carácter clasista y com¬
bativo de la lucha de las mujeres
asesinadas.
QUE se convoque a
un encuentro de tra¬
bajadoras para con¬
memorar el 8 de
marzo y reafirmar
la participación de
la mujer.
QUE se integre
definitivamente al
calendario de movi¬
lizaciones de nues-
tral central la con¬
memoración del Día
Internacional de la
Mujer.
Encuentro de Mujeres
Trabajadoras
Sábado (5 —16 hs
en el local de AEBU
COTIDIANO MUJER quiere
adherir no sólo de palabra a
todas las iniciativas que pro-
muevan la participación de la
mujer. Estamos convencidas
de que comenzamos a reco¬
rrer un camino que abrirá
nuevos horizontes a la mujer
uruguaya, donde su voz tenga
tanto valor como su trabajo
de hormiga. Hemos sumado
nuestro esfuerzo a esta tarea y
como medio de comunicación
estaremos presentes este 8 de
marzo para traerle a nuestras
lectoras un balance, en abril,,
de lo que esperamos sea un
hervidero de mujeres trabaja¬
doras para decir presente en
la realidad social de nuestro
pais.
QUEREMOS QUEREMOS QUEREMOS QUEREMOS
Queremos cambiar la calidad de vida
^eremos ser iguales y también distintas
Queremos vivir nuestra casa pero no ser esclavas de ella
Queremos ser madres pero no las únicas responsables de
nuestros hijos
Queremos iguales salarios e iguales oportunidades en el
trabajo
Queremos que no se siga usando nuestro cuerpo como
objeto de consumo